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23.12.04
El Buscon - Francisco de Quevedo
Resumen de: LA VIDA DEL BUSCON LLAMADO DON PABLOS

LIBRO PRIMERO. I) En que cuenta quién es y de dónde Pablos (Cap.V) es de Segovia al igual que su padre Clemente Pablo, barbero que decía “quien no hurta en el mundo no vive”; y estaba casado con Adonza de San Pedro, zurcidora de gustos (bruja o hechicera) quien además resucitaba de cabellos encubriendo canas. Pablos tuvo un hermano que murió de 7 años por azotes en la cárcel. Sus padres no se ponían de acuerdo en que oficio él debía de imitar, más él tenía pensamientos de caballero y quería que le pusiesen en la escuela para aprender a leer y escribir. Así, un día luego de gruñirlo un poco los padres aceptaron esta idea y Pablos dio gracias a Dios por sus padres tan hábiles y celosos de su bien. II) De cómo fui a la escuela y lo que en ella me sucedió Al otro día sus padres ya habían negociado con el maestro de la escuela a la que iban hijos de nobles y plebes. Allí él se hizo amigo de don Diego, hijo del caballero don Alonso Coronel de Zúñiga, a quien brindaba de su merienda y a quien daba siempre ventaja en cualquier juego. Pero como no hablaba a los demás niños, éstos le ponían nombres tales como Navajas por ser hijo de barbero. Pablos sufría estos mofes, y más que un muchacho le gritó “hijo de puta hechicera”, a lo que su madre sólo le aclaró que ese era su oficio. Allí en la escuela él le hacía mandados a Señora, la esposa del maestro y esto le ganó la confianza de ellos. Y sucedió un día que por complacer a Diego llamó a un confeso Poncio Pilatos y le correteó para matarle hasta que se tuvo que refugiar con Señora, no sin que el maestro le tuviese que dar 20 azotes para así salvarle la vida. Luego en días de Carnestolendas se paseó en un caballo tuerto, viejo y flaco que llegando al centro del pueblo y por el hambre se comió un repollo de una marchante, y de ahí le hostigaron hasta que cayó de bruces y murió, mientras él quedó todo enlodado en manos del alguacil que quería llevarle a prisión pero que por lo sucio le dejo. A raíz de esto Pablos que tuvo disgusto con sus padres decidió salirse de su casa y quedarse a servir a Diego con el consentimiento de los padres de estos, quienes decidieron luego del incidente en que Diego también salió lastimado no enviarle más a esa escuela. III) De cómo fui a un pupilaje por criado de don Diego Coronel Determinó don Alonso poner a su hijo bajo el pupilaje del clérigo cerbatana, Licenciado Cabra, para así apartarle de su regalo y ahorrar de cuidado. El Lic. Cabra, hombre alto, flaco y descuidado no tenía ni gatos, ya que éstos, decían los pupilos (todos lánguidos) que no eran amigos de ayunos ni penitencias. Allí en el pupilaje, primero comían los amos y los criados (los pupilos), comían tan sólo las sobras (huesos y pedacitos de mendrugos). Don Diego y Pablos quejábanse al padre del primero y el Lic. Cabra le hacia creer que lo hacán para no asistir al estudio. Allí pasando hambre permanecieron hasta la cuaresma en que uno de los pupilos murió de hambre y llegó hasta los oídos de don Alonso Coronel, quien se desengañado de las mentiras de Cabra y confirmó las quejas de su único hijo que para el momento en que los fue a buscar le preguntaba a ellos mismos por ellos sin reconocerlos, pues solo parecían dos sombras. IV) De la convalecencia y ida a estudiar a Alcalá de Henares Pasaron tres meses en cama don Diego y Pablos recuperándose de la hambruna comiendo caldos, y una vez repuestos don Alonso Coronel decidió enviar a don Diego a la escuela en Alcalá a terminar de aprender la gramática y le pregunta a Pablos si quería ir, y éste que quería salir del pueblo para olvidar al perseguidor de estómagos (Lic.Cabra) aceptó ir para servir a Diego en Alcalá. Así parten con la compañía de un mayordomo para gobernar la casa y el dinero que les iba remitiendo en cédulas don Alonso Coronel. Durante el trayecto se encuentran con un grupo de rufianes que parecen más amigos de don Diego que el mismo Pablos, y así luego de tranzarles algunos reales en almuerzos compartidos, se despiden de ellos a la llegada a Alcalá. V) De La entrada de Alcalá, patente y burlas que me hicieron por nuevo Ya había una casa alquilada para ellos fuera de la puerta de Santiago (patio de estudiantes) que compartían entre 3 moradores. A la mañana siguiente de camino para la escuela a don Diego le apadrinaron unos colegas amigos de su padre pero Pablos que había de entrar a otra diferente, fue sólo. No había bien salido al patio cuando le dijeron: “¡nuevo!” a lo que él sólo se río. De inmediato una burla se fraguó y uno de los estudiantes dijo que olía mal, Pablos sin entender también se tapó las narices pero todos se fueron separando de él y empezaron a escupirle hasta llenarlo de todo tipo de gargajos verdes y blancos. Y así de vuelta a la casa se todo con otros 2 o 3 que consideró decentes porque sólo le tiraron 5 o 6 estropajos. Y cuando llego don Diego y lo encontró dormido sin saber de lo acontecido se llenó de cólera y dijo: ¿Es buen modo de servir éste, Pablos? (llamándole por primera vez por su nombre), pero Pablos contó todo lo que le había ocurrido y éste le mando desnudar e ir a su cuarto en donde dormían otros cuatro criados de los huéspedes. Pero esa misma noche llegaron a darles azotes unos fulleros y Pablos se escondió debajo de la cama hasta el otro día en que despertó sucio hasta las trenzas. Los amos llegaron y descubrieron cosa fea y mal oliente debajo de la cama de Pablos quien fingía desmayarse y por ello le tiraron del dedo del corazón hasta que se lo desconcertaron y hubo luego que darle golpes en los muslos. Entre los cinco que estaban en el cuarto levantaron y lavaron a Pablos depositándole en cama. Pablos despertó al medio día se vistió y luego de llegado su amo se juntaron todos los de la casa a comer como buenos hermanos que era como se llevarían desde entonces sin que a Pablo nadie de la escuela le volviese a inquietar nunca más. VI) De las crueldades del ama, y travesuras que yo hice «Haz como vieres» dice el refrán y Pablos resolvió ser el más bellaco. Lo 1ro fue poner pena de muerte a todo cochino que entrase en la casa y a pollo del ama que pasase a su aposento. Y un día que entraron 2 puercos, él con los demás criados, entre gritos como cantando, los mataron y recogieron la sangre y chamuscaron en el corral los vientres, pero don Diego y el mayordomo supieron y se enojaron, preguntando el primero que respuesta daría si lo acusase ante la policía, a lo que Pablos contestó que como entraron sin llamar a la puerta, él consideró que eran de ellos, y a ésta respuesta todos echaron a reír. De ahí heredó Pablos amor por la sisa (hurto), y en combinación con la ama; ambos que se alababan ante los amos el uno al otro como honrados, siempre sisaban la mitad de las compras para luego revendérselas, sacando gran cantidad de reales al fin de un año. Y como restitución, el ama siempre rezaba, se confesaba y andaba siempre con un rosario al cuello. Pero también a ella hizo Pablos picardías; y un día que llamaba a comer los pollos con un “pío” “pío”, éste dijo que la acusaría con la Inquisición ya que Pío es nombre de Papas y eso era una ofensa a la iglesia. Ella consternada aceptó darle 2 pollos que habían respondido a su llamado para que Pablos lo llevase a casa de familiares y los quemasen, e incluso un tercer pollo de agradecimiento para él. Y Pablos los llevo a casa de un pastelero e hizo una gran cazuela que compartió con sus compañeros. Más tarde cuando supieron todos de la maraña, lo celebraron con risas, pero el ama estuvo a punto de denunciar sus sisazas de pura rabia; así que Pablos buscó nuevas trazas y dio en lo que llamaban los estudiantes correr o arrebatar. Y así de su primer corrida sacó un serón de pasas, escapando al doblar una esquina, cubriéndose, sentado sobre el serón, con su manto; fingiendo ser una pobre que el maleante había pisado, y al confundir al confitero, éste siguió por donde le dijo él que aquél había huido. Al contar esto en la casa no le creyeron y él los invitó a ver su próxima corrida de la cual escapó por la suerte de asustar al confitero con su espada. Y como muchacho era y le celebraban sus travesuras, anímose a hacer muchas más, llegando incluso a quitar las espadas de la ronda, para lo cual mintió al Sr. Corregidor de tener pistas, oídas de espía francesa, de quien además había matado a su madre y hermano; Antonio Pérez (enemigo del rey Felipe II que huyó a París). Díjole que estaba en la casa pública pero que no debían entrar armados pues sería sospechoso, y así dejando la justicia sus espadas ocultas antes de entrar, sus compañeros las hurtaron. Luego cuando la justicia fue casa por casa en busca de los sospechosos, Pablos, para que no le reconociesen estaba echado en cama con un tocador, una vela en una mano y un cristo en la otra, y uno de los compañeros de clérigo ayudándole a morir y los otros rezando. Desde entonces dice Pablos, no se ha acabado de solemnizar la burla de Alcalá, de donde ganó fama y por lo que favoreciéronle los caballeros que apenas le dejaban servir a su amo, a quien siempre respetaba por el amor que éste le tenía. VII) De la ida de don Diego, y nuevas de La muerte de mí padre y madre, y la resolución que tome en mis cosas para adelante En ese tiempo vino una carta a don Diego de su padre y otra a Pablos de su tío Alonso Ramplón (el verdugo de Segovia). La carta a Pablos le comentaba de la muerte de su padre hacía ocho días, quien murió con el mayor valor que ha muerto hombre en el mundo, según confesiones de su tío, que fue quien lo guindó. Además que su madre estaba presa de la Inquisición de Toledo pues tenía para hechicería más piernas, brazos y cabezas de muertos (que desenterraba sin ser murmuradora), de los que habían en una capilla de milagros. Por otro lado en la carta a don Diego su padre le mandaba regresar a su compañía sin Pablos, pues ya había oído de sus travesuras. Diego ofreció acomodarle con otro caballero pero Pablos confesó que sus aspiraciones ya eran otras; y con tanto, él partió a Segovia al otro día y Pablos comenzó los preparativos de su partida, cuyo propósitos eran el de cobrar una hacienda heredada de sus padres (casi 400 ducados según su tío) y conocer sus parientes para huir de ellos.

LIBRO SEGUNDO. VIII) Del camino de Alcalá para Segovia, y de lo que me sucedió en él hasta Rejas, donde dormí aquella noche Llego el día de apartarse de la mejor vida que hubo tenido. Vendió lo poco que tenia y con ayuda de unos embustes consiguió hasta 600 reales. Alquilo una mula y al salir dejo medio pueblo llorando y la otra mitad riendo de ellos. Y así iba pensando en esto cuando pasado Torote se encontró un hombre que luego de saludarse empezó a explicarle la forma de conquistar tierra santa, para lo cual había que secar el mar que divide el fuerte enemigo del propio, y a esto Pablos no pudo mas que reír y decir que una vez seco, la mar echaría más agua; pero el hombre dijo que eso ya lo tenia resuelto también; así que Pablos prefirió no seguir la conversación para no oír mas de sus arbitrariedades. Y en esta conversación llegaron a Torrejón en donde se quedo el hombre que iba a visitar una prima. Pablos prosiguió y luego se encontró a un hombre junto a una mula mirando un libro, haciendo rayas y midiendo con un compás, por lo que Pablos pregunto cual era la materia que predicaba, este dijo que era diestro verdadero y conocedor de matemática, teología, filosofía, música y medicina. Además le dijo que tenia un libro compuesto por gran sabio "Grandezas de la espada" que al llegar a Rejas, en donde dormirían esa noche, el le mostraría de las maravillas que trataba el libro. Así al llegar a la posada empezó a mostrar de sus habilidades hasta que incomodo a un mulatazo, y no importando que Pablos le explicara que no era con él, éste reto al maestro con una espada para que probara su teoría. Así, una vez herido, el maestro daba saltos diciendo “ya no me puede dar pues le he ganado los grados del perfil.” Ya luego metiéronle en paz otro huésped y Pablos. Y más tarde mientras todos dormían el seguía practicando tretas que ofrecía enseñar a Pablos y al otro huésped. En eso amaneció, se vistieron, pagaron, hiciéronle amigos al huésped y el maestro y luego el primero decía que el libro del maestro era bueno pero hacia más locos que diestros, porque los más no lo entendían. IX) De lo que me sucedió hasta llegar a Madrid, con un poeta Pablos se despidió del maestro que iba para otra jornada y tomó camino a Madrid. Iba pensando en las dificultades que tendría para profesar su honra pues debía primero borrar la poca de sus padres y luego hacer tanta propia que le desconocieran por ella. Y en esas razones andaba cuando se topo con un clérigo muy viejo en una mula que también iba para Madrid, y éste después de preguntarle de dónde venía (Alcalá), profanó que allí no habían hombres de discurso, a lo que Pablos reclamó que tenían muchos doctos. El clérigo le explicó que allí no quisieron premiarle unos cantarcitos que les comenzó a leer. Al concluir Pablos le suplicó que no le dijese más cosa divina y éste entonces empezó a recitar una comedia que dijo había escrito en dos días (El Arca de Noé). Así aconteció que no hubo cosa que Pablos mencionara de lo que el clérigo no hubiese escrito algún disparate, por ello cuando llegaron a Madrid Pablos se alegró pensando que allí callaría, pero todo lo contrario éste alzó la voz tan pronto llegaron. Nuevamente Pablos le suplicó que callase pues si los oían podían tacharlos de locos que era como calificaban a los poetas en una premática (ley real) publicada contra uno. El clérigo le pidió que le leyese la premática y Pablos prometió hacerlo en una posada, y así el clérigo sugirió una a donde acostumbraba ir en donde le conocían y apenas llegó le pidieron recitar los versos del Justo Juez y de las Animas por lo que recibió ocho reales de señal de cada uno. Y luego de comer Pablos le leyó la premática: “¡Oh vida miserable! Que ninguna lo es más que la d e los locos que ganan de comer con los que son. X) De lo que hice en Madrid, y lo que me sucedió hasta llegar a Cercedilla, donde dormí Y seguía leyendo Pablos la premática: “Atendiendo a que este género de sabandijas que llaman poetas son nuestros prójimos y cristianos, […], mandamos que la Semana Santa recojan a los poetas públicos y cantoneros, como a malas mujeres, y que los prediquen sacando Cristo para convertirlos.” Ya al final de la lectura decía la premática que mandaba a todos los poetas que se descarten de Júpiter, Venus, Apolo y otros dioses, so pena de que los tendrán por abogados a la hora de su muerte. Y todos cuantos la oyeron les pareció bien y pidieron traslado de ella, menos el sacristán que empezó a jurar por vida de las vísperas solemnes pues era sátira contra él por lo que decía de los ciegos, y que él sabía lo que había de hacer mejor que nadie. Y para estas postrimerías ya eran las 2 y como era forzado el camino debía retomar camino a Madrid. Se despidió del clérigo y al poco rato se topo con un soldado con quien trabo plática sobre todas sus heridas y andanzas y hazañas. En animada conversación andaban cuando toparon con un ermitaño en un borrico, con barba tan larga que hacía lodos con ella. Al cabo de un rato ya Pablos había notado cosas extrañas en sus conversaciones e iba pensando que temía tanto al rosario del ermitaño con sus piedras frisonas como las mentiras del soldado. Y en conversaciones varias llegaron a Cercedilla y al llegar a posada mandaron aderezar la cena por lo que el ermitaño sugirió jugar avemarías en la espera ya que la ociosidad es madre de los vicios, él decía. El ermitaño acabo pelándoles todo cuanto tenían (100 reales al soldado y los 600 que Pablos traía), y todo, después de decir que no sabía jugar y de haber hecho que le explicasen el juego. Ya luego se acostaron y al levantarse el soldado tuvo una disputa con el huésped del la posada pues al pedir sus papeles de hazañas que había dado a guardar y que él llamaba “servicio”, de esta cosa el otro no entendía. Al fin se resolvió el problema y luego de que el ermitaño pagara las cuentas de todos, salieron de camino al ¿puerto? Y se toparon con un genovés que les entretuvo por el camino contándoles el porque estaba quebrado (sin dinero) hasta que llegaron a los muros de Segovia y de repente le llegaron los recuerdos del Lic. Cabra y vio a su padre esperando por bolsas y se separo del grupo y empezó a preguntar por su tío Alonso Ramplón, al cual nadie conocía pero venía por la calle con una procesión de desnudos, él le reconoció aunque estaba Pablos cambiado (barba en punta y bien vestido); terminó los azotes y volvió por él para llevarlo a su casa. XI) Del hospedaje de mi tío, y visitas, la cobranza de mi hacienda y vuelta a la corte El tío tenía alojamiento al lado del matadero, en casa de un aguador y allí tenía de todo tipos de hierros colgando, de los que se usan para su oficio, y un aposento de techo tan bajo que tenían que entrar en posición de quien recibe bendiciones. Esa tarde el tío tenía invitados a comer corchetes y clérigos a quienes presentó a Pablos, sintiéndose éste avergonzado de su naturaleza entre personas que consideraba tan serias. Y resulta que se embriagaron tanto que hasta hubo trifulca. Pablos terminó apaciguándolos y acomodándoles hasta que se les pasó la borrachera. Luego su tío despertó y trataron largo de las cosas de Pablos, quien al fin redujo todo al cobro de la herencia de sus padres, más no todo pues dejó como 100 ducados para su tío y tomó 300 para él y se alegraba de haber cobrado antes de que su tío se los hubiese bebido aunque el tío quería ese dinero para que Pablos estudiase y pudiese llegar a ser cardenal. Después se acostaron y Pablos al día siguiente se levantó de madrugada para abandonar la casa dejando una nota al tío con la explicación de su ida y las causas, al igual que le avisaba que no le buscase pues ya nunca se volverían a ver. XII) De mi huida y los sucesos en ella hasta la corte Alquiló Pablos un jumento y salió hacia las cortes de Madrid en donde nadie le conocía pues quería dejar la bellaquería y la deshonra atrás. Iba espetado en el rucio de la mancha cuando divisó un hidalgo bien vestido y calzado con sombrero de lado, y pensó que era un caballero que dejaba su coche atrás; pero una vez en pláticas éste le explicó que no todo lo que brilla es oro y que las apariencias en el ámbito de las cortes ayudan a la estafa. Así terminó Pablos permitiéndole subir a (don Toribio) a su jumento pues fuerzas le faltaban para seguir su camino y en ese momento descubrió que todo su vestuario no era más que una falsa. Éste farsante de Licenciado le contó de cómo su padre lo perdió todo en una fianza y también de como la industria en las cortes es piedra filosofal que convierte en oro todo lo que toca. A Pablos se le despertó el interés y en son de entrenamiento para el camino le rogó que le contase de cómo, con quiénes y de qué manera vivían en la corte los que nada tenían como él. XIII) En que prosigue el camino y lo prometido de su vida y costumbres Lo primero, dijo el fingido hidalgo, es saber que en la corte hay siempre extremos en todas las cosas (recio-sabio, rico-pobre) y géneros de gentes que no se les conoce raíz, trabajadores de la industria de las cortes, gente que pasa la más de las veces con los estómagos vacíos; pero que se las arreglan para ser asistentes de banquetes, polillas de los bodegones, convidados por fuerza… Gentes que en su vestir tienen memoria para lo que les toca a vestirse con toda ropa vieja, y que por igual aprenden a guardarse de las inclemencias del sol, aire, escaleras, caballos… y para ello estudian posiciones en donde no se descubra la falsedad de atuendos reconstruidos con harapos y apoyados en cartones que cubren faltas y carencias. Gentes que por no gastar con el barbero, esperan que otro de los compañeros tenga también pelambre para entonces quitárselo el uno al otro. Gente en las que jamás se halla la verdad en sus bocas, y lo que es más de notar es que nunca se enamoran sino es de pane lucrado., de tal suerte que se les ve con la bodegonera por la comida, con la huéspeda por la posada… y aunque comiendo tan poco y viviendo tan mal no se pueda cumplir con tantas, por sus tandas estarán contentas. Y así tanto gustó Pablos de las extrañas maneras de vivir del hidalgo que embelezado con ello llegó a pie hasta Rosas, donde se apearon aquella noche. Declaró Pablos sus deseos de unirse a esta clase de gente y luego de abrazarle el hidalgo le ofreció el favor de introducirlo en la corte con la cofradía de la estafa y así obtener posada en compañía de todos. Pablos aceptó no declarando los escudos que llevaba, sino sólo 100 reales. De tal suerte se pusieron de acuerdo, se acostaron aquella noche, madrugaron y luego dieron sus cuerpos en Madrid.

LIBRO TERCERO. XIV) De lo que me sucedió en la corte luego que llegué hasta que amaneció Llegaron a la corte a las 10 am y fueron a apear sus cosas a casa de los amigos de don Toribio. Allí conoció Pablos los amigos de don Toribio y se fue enterando de cómo los detalles del vestir en muchas ocasiones no eran más que para encubrir faltas y deterioros. Y así llegada la noche, era de ver cómo se acostaban todos en dos camas, tan juntos que parecían herramienta de estuche. Pasóse la cena de claro en claro; no se desnudaron los más, que con estarse como andaban de día, cumplieron con el precepto de dormir en cueros. XV) En que prosigue la materia comenzada y cuenta algunos raros sucesos Amaneció el señor y pusiéronse todos en arma, ya era como si todos fueran hermanos. Todos empuñaron agujas e hilos para hacer punteados remendándose por mil partes. Luego, acabose la hora del remedio y fuéronse mirando unos a otros por si quedaba algo mal parado. Ya determinaron de irse afuera pero Pablos dijo que antes trazasen su vestido porque quería gastarse sus 100 reales en él, a estos los demás dijeron que el dinero al depósito y el vestido que saliese de lo reservado. De esta forma de la sotana le hicieron ropilla de luto, de paño y acortando el ferreruelo quedó todo bueno. Posteriormente le señalaron por cuartel, para buscarse la vida, a San Luis y así inició su jornada, aunque por ser nuevo en la estafa le dieron la compañía del mismo que le trajo y convirtió (Toribio). Y una vez en la zona, andaban haciendo culebra de una acera a otra, por no topar con casas de deudores, mientras explicaba Toribio que esos eran lo aderezos de negar deudas. En eso dio el reloj las 12 y las tripas de Pablos pedían de comer lo cual a Toribio no le agrado tanto, pero si era menester, dijo, vamos a la sopa de San Jerónimo. Pablos ha sabiendas que allí comería sobras de otros prefirió que cada uno se separase y resolviese lo de su comida. De esta manera Toribio de inmediato se salpicó de migajas para simular que había comido y a Pablos apenas se separaron le llegó un señor que buscaba algún tipo de ayuda de licenciados y al invitarle a la casa, allí Pablos se invitó a comer y quedó su día resuelto. Tanto tema le trataba el señor que Pablos se paró frente a una ventana y fingió que alguien le llamaba para salir de la casa, no sin pedir licencia y asegurar que volvería, más hasta hoy lo están esperando. Y ya al final del día regresó Pablos a la casa antes que Toribio que luego llegó con la nariz toda rota, la cabeza entrapajada, todo lleno de sangre y sucio. Toribio explicó que en San Jerónimo, por pedir doble ración dizque para llevar a un compañero, le atraparon en camino comiendo el encargo y por eso de mentiroso le rompieron el hocico. XVI) En que prosigue la misma materia, hasta dar con todos en la cárcel A la casa fueron llegando los demás (Merlo Díaz, don Cosme, Vino Polanco...), todos con sus desventuras y algunos con suertes de sus andanzas. Allí estuvo Pablos conociendo de todas las trazas y de los modos extraordinarios de hurtar, por espacio de un mes, hasta que llegó el día en que cayó doña Leprusca. Pues bien, andaba ella vendiendo no se sabe que ropas y otras cosillas a una casa en donde conoció uno no se sabe qué hacienda suya; y por ello llamó al alguacil. Doña Leprusca confesó luego todo el caso y dijo de la manera en que vivían todos en este grupo de rapiñas. Dejóle el alguacil en la cárcel; se llegó a la casa del grupo de rateros y los halló en ella a todos. Traía media docena de corchetes –verdugos de pie- y dio con todo el colegio de buscón en la cárcel. XVII) En que trata los sucesos de la cárcel, hasta salir la vieja azotada, los compañeros a la vergüenza y yo en fiado echároslos, en entrando, a cada uno dos pares de grillos y sumiéronlos en un calabozo. Pablos se aprovecho del dinero que traía consigo y sacando un doblón sobornó al carcelero para que le diera mejor trato. El carcelero consiguió que le dejasen dormir en la sala de los linajes en una pequeña camilla, mas como quedaba en la cabecera del servicio, a Pablos no le dejaron dormir la continua entrada de reos que se inició pasada la media noche, por tanto lo llevaron al calabozo junto con los demás a propia petición suya. Pablos siguió su proceso de sobornos, y esto le consiguió hasta la amistad del alcalde que incluso lo invitaba a su casa y hasta le daba de comer, pero lo mejor de todo fue que le salvo de lo peor ya que a sus compañeros los desterraron por seis años, mientras que Pablos salió en fiada por virtud del escribano y del relator que no se descuidó, brincando razones y mascando cláusulas enteras. XVIII) De cómo tomé posada, y la desgracia que me sucedió en ella Salió Pablos de la cárcel, y hallábase solo sin los amigos; aunque le avisaron que iban camino de Sevilla él no los quiso seguir; determinó ir a una posada, donde halló una moza rubia y blanca, alegre, a veces entremetida y a veces entresacada y salida. Se hospedó muy bien en su casa, que compartía con otros dos moradores; un portugués, y un catalán, que le dieron muy buena acogida. A Pablos no le parecía nada mal la moza para el deleite, y por lo otro la comodidad de hallársela en casa. Así dio en poner en ella los ojos; contábales cuentos que ya tenía estudiados para entretener; servíala en todo lo que era de balde, y díjole que sabía encantamientos y que era nigromante. De tal suerte granjeó una voluntad en todo agradecida, pero no enamorada, que, como no estaba tan bien vestido como era razón, aunque ya me había mejorado algo de ropa por medio del alcalde, a quien visitaba siempre, conservando la sangre a pura carne y pan que le comía, no hacían de él el caso que era razón. Y en una forma de llamar la atención de la joven Pablos empezó a pedir a amigos que se presentasen en la casa buscándole y dejando escapar datos de riquezas por él no poseídas, todo lo cual abrió el interés de la joven que luego le invitó una noche a verse en el tejado, ya convencida de la fortuna de Pablos. Pero esa noche él resbaló y cayó en tejado ajeno en donde le molieron a palos ante los ojos de su amada que creía que todo era una falsa producto de la nigromancia y sólo decía ¡ya ven!, hasta que finalmente le bajaron del tejado por una ventana que daba a una pieza que servia de cocina. XIX) Prosigue el cuento, con otros varios sucesos Pablos no cerró los ojos en toda la noche, considerando su desgracia, de ir a caer en manos de un escribano, a sabiendas de que no hay falta que tanto crezca como una culpa en poder de escribano. Pero las diligencias de sus compañeros de casa, el catalán y el portugués le ayudaron a salir de allí, no sin haber recibido sus palos y tenido que pagar 8 reales. De ahí Pablos decidió empezar a trazar como salirse pues la comida y posada ya sumaban muchos reales; para ello trato con un “Licenciado” y dos amigos para que le fuesen a buscar dizque en nombre de la inquisición. Y así aconteció que cuando lo vieron sacar ya lo asociaron a la nigromancia que decía Pablos practicar, más cuando vieron sacar el hato pidieron embargo de la deuda, pero sólo consiguieron la respuesta de que eran bienes de la Inquisición. Ya una vez fuera empezó a fraguar nuevas tranzas con los que lo ayudaron, y así se hizo de buen vestir y alquilaba caballos para ir a conquistar a mujer con buena dote. As’i una tarde conoció a dos galanes que le invitaron a correr al prado y a lo que él asintió, y con la amistad se allegó a la tía de una bella dama e hízole creer de que era hombre de fortuna y ella consintió en disponer las condiciones para su unión con su sobrina que contaba con 6,000 ducados de dote. Tan cercano se sentí Pablos al casamiento que incluso no dormía pensando como iba a usar la dote, si para comprar una casa o para darlo a censo, ya que no sabía que era mejor o más provechoso. XX) En que se prosigue lo mismo, con otros sucesos y desgracias que me sucedieron Amanece y Pablos dispuso de llamar un repostero para concretizar una merienda que había planeado con sus nuevos amigos. Para esto él va a disponer de unos 200 reales, a modo de congratularse con sus nuevos amigos. Y resulta que allí se presento su viejo amigo don Diego Coronel que resulto ser primo de la joven por Pablos pretendida. Diego le miro e inquirió sobre su persona replicando que había otra idéntica a él, alguien que a diferencia de él que poseía riquezas y fortuna, aquel había sido su criado, hijo de barbero y hechicera. Y resultó que algunos de los nuevos conocidos afirmaron que le conocían bien, y que era imposible que éste fuese el otro que Diego decía, cuando en verdad si lo era. Pero bien, algunos contratiempo tuvo Pablos cuando una tarde que fue a rentar caballo ya no habían y entonces para llegar a ver su pretendida tuvo que esconderse en el caminar y pocos metros antes de llegar pagar a un criado para que le permitiese montar el caballo de su amo que acababa de entrar a misa. Pero resultó que el amo salió antes de lo previsto y en frente de la casa de la joven doncella y de don Diego le hizo bajar del caballo, cosa que levantó grandes sospechas. Pero luego tuvo algunas suertes, ya que le invitaron a jugar con la intención de pelarle más el salió airoso con 300 reales una primera vez y con 1,300 la segunda. Más su suerte no duro mucho pues don Diego ató cabos y descubrió la tranza de Pablos, por tanto confraguó una emboscada en la que a Pablos le golpearon sin piedad e incluso le abrieron la cara de una estocada. Y lo peor de todo que sus cómplices de fechorías ya antes le habían robado los 1,600 reales, dejándole apenas con 100 que le restaban de la herencia de sus padres. Así de mal quedó Pablos, con una cara partida en dos pedazos y tan lisas las piernas de los palos que no podía tenerse en ellas. Herido, robado, y de manera que ni podía seguir con el casamiento, ni siquiera de estar en las cortes. XXI) De mi cura y otros sucesos peregrinos A la mañana de un día siguiente, Pablos ya estaba en con otra huéspeda, María de la Guía, vieja de buena edad (el mazo de 55 años), con buena fama en el lugar de puta y hechicera que siempre hablaba por refranes y quien le permitió permanecer incluso sin pagar a Pablo en la casa. Pero un día en que contó su dinero y estábaselo dando, llegaron a aprenderla por amancebada con un frutero marchante que inicialmente confundieron conmigo y por lo que recibí algunos empellones. Pero una vez aclarado el asunto, allí quedó Pablos en la casa curándose por ocho días de los 12 puntos de la cara y que además quedó en muletas. Ya sin reales, pues lo poco que le quedaba se lo comió, lo uso para su cura y dar algo de la renta. Entonces se decidió a limosnear y le fue bien, incluso conoció otros limosneros, unos que le odiaban por la competencia y otros que compartían con él los rumbos. Y así llegó a reunir hasta 50 escudos, y ya sano de las piernas (aunque entrapajadas), se determinó a salir de la corte y tomar camino para Toledo, en donde nadie le conocía. Se despidió de Baltasar, el mendigo amigo, compró algunas prendas y una espada y emprendió camino. XXII) En que me hago representante, poeta y galán de monjas En el camino a Toledo topó Pablos con una compañía de teatro en donde había un viejo conocido de cuando estuvo en Alcalá; de esa forma y por extraña fortuna le hicieron parte de la actuación, y tan bien le iba que no solo actuaba, ya escribía y vendía sus creaciones literarias, ya para un halago a los ojos de una bella dama, o para los labios, y así que cada poema tenía su precio. Y tanta fama alcanzó que estaba viento en popa, rico y próspero, y tal que incluso pensaba ser autor y publicar sus creaciones. Más por cuestiones de la vida y la fortuna, de pronto le entró un fuerte deseo de salirse de la mala vida para siempre, para por cosa curiosa se enamoró de una monja, caso perdido que tardo en reconocer, pero una vez despabilado, comprendió la imposibilidad de la quimera y una vez más decidió tomar camino a nuevos rumbos; esta vez a Sevilla. XXIII) De lo que me sucedió en Sevilla hasta embarcarme a Indias Pasó el camino de Toledo a Sevilla prósperamente pues ya era hombre diestro de experiencias finas. Y así llegó a Sevilla Pablos con todo su lenguaje floral, con dinero que ganó a camaradas y huéspedes de posadas para el alquiler de las mulas y comidas; y llegó así a parar al mesón del Moro en donde se topo con otro antiguo discípulo de Alcalá. Este último la introdujo a una banda de rufianes, que no sólo se jactaba de sus fechorías sino hasta de matar corchetes, llegando al punto de casi matar un alguacil. Pablos con sus dotes llegó hasta ser cabecilla y así pasaban sus días hasta que un día conoció a la Grajal (una puta) que le endulzo sus días, y quien súpole bien y mejor que todo en la vida y de ahí que se propuso de navegar en ansias con la Grajal hasta morir. Y ya cuando vió que duraba mucho el negocio y más la fortuna de la ley en perseguirle, decidió con la Grajal de pasarse a la Indias con ella para ver si mudando mundo y tierras, mejoraría su suerte. Más concluye sabiamente el narrador que nunca mejora de estado quien muda solamente de lugar, y no de vida y costumbres.

OSeyer 12-24-2004

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Comments:
en realidad no leí tu resumen porque me dio un poco de flojera (hace días que no duermo y los ojos no me funcionan muy bien) pero me parece interesante que te propongas hacer resumenes de libros.
En la edición de tu libro de El buscón incluyes cuando se cenaron al papá de Don pablos? Este dato creo que sólo aparece en unas cuantas editoriales -en las caras y escasas, por supuesto- como lo es Cátedra. Yo tengo el libro en cuatro ediciones (Porrúa, Editores mexicanos unidos, y las otras dos no recuerdo la editorial por no ser muy conocidas) y el dato aparece omiso. Y bueno, Quevedo sigue censurado 500 años después de su muerte...
 
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